UN VARGAS QUE LLEGA A LOS 95 AÑOS

-El linaje de los Vargas está escrito en letras de oro en la historia de España y América

-Nicolás Rubio Vargas, San Cristóbal, Estado Táchira, Venezuela, 06-10-1922

Corría el año 720, cuando en la España ocupada por los Moros se tuvo conocimiento de un hecho que fijaría el primer hito de esta larga y gloriosa estirpe. Fue el vivido por Gracián Ramírez de Vargas, quien desplazado de Mayrit (como se llamaba a Madrid entonces), se había instalado en sus proximidades la población de Ribas.

 

Devoto como era de una imagen de la Virgen a la que profesaba gran fe, ante su desaparición no descansó hasta encontrarla en un Atochar, de allí que se la conozca como la Virgen de Atocha. Prometió entonces construir una ermita para honrarla. Al ver los Moros las actividades de los cristianos en las afueras de sus dominios, decidieron atacarlos, superando a los cristianos en número y armas.

 

Más entonces, ocurrió el milagro: Una serie de inesperados fenómenos climatológicos permitieron a los cristianos vencer a sus enemigos. A partir de aquel momento, la Virgen de Atocha se convirtió en una de las imágenes más veneradas por los madrileños, compartiendo con la Virgen de la Almudena la devoción de los fieles de la Villa.

 

Años después, el 1083, aparece el hombre clave en la distinción de este linaje castellano, cuando durante la Reconquista, el Rey Alfonso VI se apodera de Madrid, teniendo como Jefe de su Ejército a D. Iván de Vargas, quien por sus destacados méritos guerreros, es recompensado con todos los terrenos que están a la margen izquierda del río Manzanares a su paso por Madrid. Estas tierras son las que hoy ocupa ese precioso parque madrileño conocido como la “Casa de Campo”, donde aún se conserva uno de los Palacetes de los Vargas.

 

No obstante, haber sido patrón y tener bajo sus órdenes a nada más y nada menos que San Isidro Labrador, quien laboraba en sus tierras, y a su mujer Santa María de la Cabeza, obrarán para que se diluya en el tiempo la importancia histórica de su figura.

 

De este Iván de Vargas, hilo conductor de la primera parte de esta historia, van a derivar las ramas más ilustres de los hombres de este linaje, que como veremos, destacan tanto por sus virtudes épicas como líricas. Sus descendientes se encargarán de dar continuidad a los valores y virtudes que adornaron a tan insigne Caballero.

 

Tan es así, que apenas dos años más tarde, 1085, en la recuperación de Toledo después de meses de asedio, la ciudad más importante para entonces, donde convivían las tres religiones musulmana, judía y cristiana, el Rey Alfonso VI lleva entre sus Caballeros a D. Pedro Ibañez de Vargas, hijo de Iván, en quien igualmente destacan las virtudes militares, al punto de que es compensado con predios situados a unas leguas de la Ciudad Imperial, en lo que hoy conocemos como la población de Vargas o Bargas.

 

Pero la guerra de la Reconquista duró muchos años y dio lugar a miles de enfrentamientos. Sin embargo, el más importante fue la Batalla de las Navas de Tolosa en 1216. Pues bien, en esta importante batalla está presente y juega un papel estelar, D. Pedro Fernández de Vargas, nieto de D. Pedro Ibañez de Vargas y descendiente (biznieto) de Iván de Vargas.

 

La Batalla de las Navas de Tolosa inclinó favorablemente la contienda a favor de los cristianos. Aún así, pasaron muchos años hasta terminar la Reconquista con la Rendición de Granada en 1492.​

Entre esas fechas se producen las contiendas que permiten recuperar Jerez y Sevilla. Acompañando al Rey Alfonso VIII en la lucha contra los Moros en las tierras del sur de la península encontramos a dos hijos de D. Pedro Fernández de Vargas, de los cuales Iván de Vargas, era su tatarabuelo:

 

Diego Pérez de Vargas, determinante en la expulsión de los Moros de Jeréz (1232), donde destaca por su valor y arrojo, al punto que viendo su desempeño frente al enemigo, D. Alvaro Pérez de Castro exclamó: “Machuca Vargas, machuca”, razón que adujo D. Diego para añadir a su apellido paterno esta expresión, reconociéndose desde entonces como D. Diego Pérez de Vargas-Machuca.

Su hermano, D. Garci Pérez de Vargas, no fue menos, y como Jefe del Ejército del Rey Fernando III “El Santo”, conquista Sevilla en 1247-48. Todavía hoy en las calles de Sevilla podemos encontrar, en la llamada Puerta de Jeréz, una placa que recuerda esa hazaña con un verso, que dice:

 

“Hércules me edificó,

Julio César me cerco

de muros y torres altas,

y el Rey Santo me ganó

con Garci Pérez de Vargas”

 

Antes, en la batalla de Jeréz, había dado muerte al Rey de los Gazules. Una escultura de cuerpo entero lo recuerda en la Plaza Nueva de Sevilla, en el barrio del Arenal, como un Caballero castellano, Héroe de la Reconquista Española del Siglo XIII. Había sido uno de los 24 Caballeros castellanos, que acompañaron a Fernando III en su campaña militar por Andalucía.

Pero en la estirpe de los Vargas no sólo van a destacar nobles caballeros y guerreros ilustres. También importantes hombre de las letras ilustran este apellido.

 

Es el caso de D. Francisco de Vargas, jurista de extraordinaria trayectoria, quien llegó a desempeñarse como Asesor de los Reyes Católicos, miembro del Consejo de Castilla y asesor del Rey Carlos I.

 

A el corresponde el honor de que cuando se producía un problema de seria y difícil solución, el Rey ordenaba: “Averigüelo Vargas”, en la certeza que en sus manos estaría la solución más adecuada.

 

Uno de sus hijos, D. Gutierre de Vargas Carvajal, (1506-1559), teólogo y mecenas español del renacimiento, alcanzó a ser Obispo de Plascencia y hoy los dos, padre e hijo, están enterrados en la Capilla del Obispo, justo al lado del otro Palacete de los Vargas, ubicado en la Plaza de la Paja en Madrid.

 

Con el Descubrimiento en 1492, descendientes de este ilustre linaje pasan a tierras americanas, donde también brillarán por sus proezas tanto bélicas como intelectuales.

 

El Inca Garcilaso de la Vega, (1539-1616), una de las primeras plumas de la letra castellana venido de América, escritor e historiador, era hijo de Sebastián Garcilaso de la Vega y de la Princesa Inca Isabel Chimpu Ocllo, se le considera el primer mestizo racial y cultural de América, era hijo del Capitán de la Conquista Sebastián Garcilaso de la Vega y Vargas. Se le conoce también como el “Príncipe de los Escritores del Nuevo Mundo. Cuando viajó a España, su tío Alonso de Vargas lo acogió durante mucho tiempo en la población de Montilla, haciéndolo beneficiario de su legado.

 

En el Siglo XVII otro Vargas, D. Diego de Vargas Zapata y Lujan Ponce de León, (1643-1704), conquista Nuevo México. Fue conocido como “El otro Cortés”. Fue gobernador de Santa Fe.

 

Y en el Siglo XIX, ubicamos al eminente médico D. José María Vargas, quien el año de 1835 viene a ser el primer Presidente de la naciente República de Venezuela. Era hijo de José Antonio Vargas-Machuca y Ana Teresa Ponce. Este médico, de gran trayectoria académica y conocimientos extraordinarios había fundado cátedras de medicina en las universidades venezolanas y por motivos políticos había salido del país en el período de la guerra de la independencia.

 

Previamente, en el Siglo XVI, había arribado a tierras americanas en lo que es hoy la región de Boyacá, Colombia, Juan de Vargas, conocido como “El Escribano de Tunja”. En Tunja, se conserva restaurada y mantenida la que se denomina como “La Casa del Escribano”. Sus funciones, que desempeñaba previa autorización Real, fueron así mismo ejercidas por su hijo, y de estos deviene la descendencia de los Vargas ubicada en esta región, donde se ubica la población de Corrales.

 

Y justo de Corrales, sale D. David Vargas para contraer matrimonio en San Cristóbal, Venezuela, con Dª Virginia Camacho, de cuya unión nació Dª María Vargas Camacho, la madre del D. Nicolás Rubio Vargas, nacido en 1922, en quien se resumen las virtudes y bondades de los hombres del linaje de los Vargas.

 

El Dr. Nicolás Rubio Vargas ha cumplido 95 años de vida ejemplar y lúcida existencia. Venir al mundo en los albores del Siglo XX le ha permitido ser testigo de excepción de la evolución de la Venezuela reciente, con todos sus avances económicos, políticos y sociales, así como una mejor compresión de los procesos históricos de cambio.

 

Su formación en la Universidad de los Andes (ULA), como hombre de leyes refuerza sus criterios, y su incursión en la vida política, que lo llevó a ejercer funciones públicas y legislativas, hasta entrar en la cárcel en los tiempos de la dictadura, curten su carácter indomable y consolidan su amor a la democracia y la libertad.

Ha sido profesor universitario, ha escrito numerosas obras, artículos periodísticos y trabajos de investigación, y son cientos los discípulos que han compartido con él su sabiduría en temas jurídicos y petroleros.

 

Pero son su esposa Carmencita Borrero, sus hijos Bibiana, Nicolás y David, y sus numerosos sobrinos, quienes podemos dar fiel testimonio acerca de esa vida ejemplar, siempre recta, siempre cívica, siempre decente, preocupado de la familia como centro de sus angustias, de su patria chica, San Cristóbal, lugar entrañable de su apego y querencias vitales y de Venezuela, como fuente de todas sus razones.

 

En el círculo más directo, su esposa y sus hijos dan fe de que ha sido un esposo y padre sin igual; sus hermanas, las Siete Hermanas Rubio-Vargas, han sido la extensión del linaje, con numerosos sobrinos, en cuyas vidas siempre ha tenido injerencia amable, con el consejo sabio y protector.

Y como hijo, sólo decir que Dª María de Vargas Camacho, también vivió casi un centenar de años, en su regazo de hijo responsable, amoroso y leal.

Todo UN VARGAS!!!

FELIZ CUMPLEAÑOS!!

 

William Cárdenas Rubio-Vargas

Madrid, 7 de octubre de 2017

Dr. Nicolás Rubio Vargas y su esposa Carmencita Borrero